1/03/2015

Perfil


Juan Carlos Alonso


El encuentro consigo mismo significa en primer término el encuentro con la propia sombra. Es verdad que la sombra es un angosto paso,una puerta estrecha cuya penosa estrechez nadie que descienda a la fuente profunda puede evitar.
                     
                                                                                                                        Carl G. Jung



~ Datos personales


Soy psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, ciudad en donde resido. En el pensum de estudios universitarios de mi carrera recibí bastante información sobre Sigmund Freud pero nunca sobre Carl Jung. Por eso me analicé desde muy joven con un par de reconocidos psicoanalistas con quienes tengo una inmensa deuda de gratitud. Pero a comienzos de la década de los noventa cayó “accidentalmente” en mis manos el libro El hombre y sus símbolos, una de las últimas obras de Jung, escrita en compañía de varios de sus colaboradores más cercanos. Desde entonces comencé una lectura sistemática de su obra que ha continuado hasta la actualidad. Para compartir con más personas el gran descubrimiento que había hecho, fundé lo que se llamó Amigos de Jung Colombia en la década de los noventa, en el que coordinaba grupos de estudio ininterrumpidos durante más de diez años.

Esos grupos informales fueron la semilla de lo que en el año 2005 se convirtió en ADEPAC, Asociación de Psicología Analítica en Colombia, de la cual soy miembro fundador y Director. De esta asociación hablaré más adelante. Simultáneamente comencé junto con un grupo de colegas de Bogotá y Medellín el entrenamiento como Analista Junguiano, por parte de la International Association for Analytical Psychology (IAAP), proceso que finalicé en septiembre de 2012, siendo el primer colombiano en hacerlo.


TituoJCA

Juan Carlos Alonso recibe de Joe Cambray, Presidente de 
la IAAP, la certificación como Analista Junguiano.
Copenhague, Dinamarca, Agosto 2013.



Placa de reconocimiento ofrecida por
miembros de ADEPAC


También he querido divulgar el pensamiento junguiano en el medio universitario, por lo que he dictado cursos en la facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana en pregrado (Seminario de autor - C.J. Jung) y en postgrado (Diplomado de desarrollo personal en Jung y Diplomado de Técnicas expresivas en el enfoque junguiano). Así mismo he coordinado cursos introductorios y especializados en este tema y he escrito varios artículos en revistas universitarias indexadas. Algunos de estos escritos aparecen en la columna de la derecha.

Desde hace ya varios años trabajo en consulta privada como psicoterapeuta, inspirado e influenciado por las teorías tanto de Carl Jung como de analistas postjunguianos, entre otros Marie-Louise von Franz, Hans Dieckmann, y Donald Kalsched. Con el tiempo me he especializado en el análisis con adultos.



Vista de mi consultorio

 ~ ¿Cómo contactarme? 

Para servicios psicoterapéuticos pueden llamarme al celular 313 2941556 o al teléfono fijo 6180395. También pueden escribirme al correo jalonso@adepac.org.

~ ¿Qué es la Psicología Analítica?


Por Psicología Analítica se entiende el conjunto de formulaciones teóricas y prácticas originadas en el trabajo del psicólogo suizo Carl Gustav Jung (1875-1961). Este enfoque ofrece un modelo de comprensión de la psique humana, que incluye una propuesta terapéutica para mejorar la salud mental y para facilitar la maduración de la personalidad, así como un cuerpo conceptual del conocimiento con amplia aplicabilidad al análisis de temas sociales y culturales. El enfoque de Jung se ha denominado Psicología Analítica para diferenciarlo del Psicoanálisis de Freud.


Carl Gustav Jung

~ ¿Por qué las personas buscan psicoterapia o análisis?

Por lo general la motivación surge de la sensación de que las cosas no marchan bien en la vida, tanto que en ocasiones se siente que se ha perdido el significado de la existencia. En muchos casos, los síntomas que aparecen son intentos infructuosos de encontrar el sentido vital, ya sean relaciones afectivas destructivas, dificultades laborales, conflictos familiares. En algunas ocasiones hay ansiedad, depresión, y en otras se experimenta un abrumador sentimiento de que es necesario un cambio interior.





~ ¿Qué ofrece específicamente el análisis junguiano?


Con frecuencia, lo que más atrae del análisis junguiano es el convencimiento de que el inconsciente es una matriz creativa de toda vida consciente y no solamente la cesta de basura a donde se botan todos los aspectos rechazados o reprimidos. Muchos sienten intuitivamente que esa es la naturaleza de lo inconsciente. La visión junguiana, a diferencia de otros enfoques, considera que en el interior del ser humano existen potenciales de crecimiento que están ocultos y que pueden ser encontrados. No obstante, la búsqueda de ese camino debe pasar por un encuentro con los propios aspectos sombríos y con material personal doloroso del pasado. La comprensión simbólica de estos contenidos está al servicio del proceso de desarrollo personal (Individuación).




~ ¿Qué es ADEPAC?

La Asociación de Psicología Analítica en Colombia (ADEPAC) es una organización creada a finales del año 2004, sin ánimo de lucro, que tiene como principal objetivo la divulgación, investigación y desarrollo del enfoque creado por Carl Jung. Aunque tiene su sede en la ciudad de Bogotá con representación legal de la Cámara de Comercio, posee un carácter nacional y busca el asocio de personas de diferentes disciplinas y de distintas ciudades interesadas en esta escuela.

La labor de la Asociación es servir de centro aglutinador de las personas interesadas en la vida y obra de Carl Jung, por lo que busca crear las estrategias para estimular, compartir y divulgar el estudio de este enfoque. Una de la principales estrategias ha sido la creación de la página web de ADEPAC (www.adepac.org), en la que se informa acerca de eventos nacionales e internacionales, bibliografía especializada, lugares de entrenamiento en este enfoque, y artículos, reseñas, resúmenes de tesis y conceptos básicos de la Psicología Analítica.

La Asociación tiene como objetivo central la divulgación de este enfoque psicológico, lo que se logra con los esfuerzos conjuntos de todos sus integrantes. A la vez, la pertenencia a ADEPAC permite a sus miembros disfrutar de diferentes beneficios, como la participación gratuita en los grupos de estudio presenciales y virtuales, en los que se reflexiona y discute con base en la lectura de obras clásicas junguianas, acceder a una biblioteca con más de 200 libros físicos y en PDF especializados en Psicología Analítica, con servicio de préstamo de sus miembros, así como descuentos en el costo de los eventos que organiza la Asociación.

5/17/2014

Aportes terapéuticos de la psicología analítica

  Juan Carlos Alonso

Este documento corresponde a un segmento del artículo publicado en la Revista Universitas Psychologica, de la Facultad de Psicología Pontificia Universidad Javeriana, Vol 3, No. 1 enero-junio 2004, pp. 55-70. 


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La psicoterapia es muchas cosas a la vez: es teoría, es método, es técnica, es práctica y a la vez es interacción e influencia interpersonal. Por eso, al hablar de las contribuciones de la psicología analítica al trabajo clínico es necesario hacer alusión a conceptos, procedimientos y actitudes. Se deben tener presentes las prevenciones que tenía Jung al hablar de este tema, en el sentido de evitar todo intento de estandarizar la psicoterapia (Jung, 1935).

El planteamiento de partida de la terapéutica analítica es que la salud mental responde a la adecuada relación funcional que se establezca entre los procesos conscientes y los inconscientes en el transcurso de la vida de un individuo. En consecuencia, la práctica terapéutica analiza esta relación en las personas y busca recuperar la sana comunicación entre la conciencia y el inconsciente mediante técnicas que se han desarrollado con tal fin, para aquellos casos en los que se presenta un funcionamiento inadecuado (Jung, 1993).

Jung afirmaba que no existía ninguna terapéutica que fuera válida para todos los individuos, por lo cual procuraba prescindir de toda teoría aprendida sobre las neurosis al entrar en contacto con un paciente, para dejar que fuera la experiencia la que dictara el camino terapéutico a seguir. Esto prevenía contra los procedimientos estereotipados (Jung, 1935). Además, que lo importante es intentar comprender en cada caso individual, a través de los sueños, las tendencias curativas del individuo a fin de activarlas mediante una participación consciente y ayudar a que orienten la autocuración (Jung,1968).

Los principales aportes teórico-prácticos en materia terapéutica podrían resumirse en los siguientes aspectos que constituyen algo así como el sello particular en la forma de conducir el proceso terapéutico.

1.      Concepto positivo de la neurosis:

Basado en el enfoque finalista, la psicología analítica aborda las enfermedades mentales y en particular la neurosis, de una manera bastante optimista, ya que las concibe como intentos de curación con los que reacciona el organismo ante un estilo de vida inadecuado. “Una psicología de la neurosis que sólo vea lo negativo, lo desbarata todo, porque no aprecia el sentido y el valor de la fantasía ‘infantil’, es decir, creadora.... El hombre está enfermo, pero la enfermedad es una tentativa de la naturaleza, que se propone curar al hombre. Podemos aprender de la enfermedad muchas cosas útiles para nuestra curación...” (Jung citado por Hochheimer, 1968: 76-98).

Para la psicología analítica, todas las neurosis están caracterizadas por la presencia de conflictos que involucran complejos y disociaciones, los cuales provocan regresiones y descensos del nivel mental. La causa suele ser una deficiente adaptación interna o externa que lleva a la persona a una regresión a etapas infantiles.

No obstante, además de las neurosis clínicamente determinables, Jung descubrió que una buena parte de estas enfermedades se manifestaba a causa de la falta de sentido en la vida y correspondían en su mayor parte a personas que se hallaban en la segunda mitad de la vida. En tales casos aparecen como un momento crítico en la vida de una persona, en el que se enfrenta a la disyuntiva entre dos estilos de vida. Generalmente se producen cuando el individuo ha desarrollado una forma de vida que le ha significado el sacrificio de potencialidades que se ven reprimidas, hasta que llega un momento en que éstas se rebelan y exigen que se las tenga en cuenta. Es decir, falla en ese momento la adaptación que había operado hasta entonces y el conflicto se hace evidente. La enfermedad pone a la persona contra la pared y la obliga a tomar una decisión con respecto a su futuro, existiendo la posibilidad de desarrollar un crecimiento personal que lo lleve a un estado de realización mayor al que tenía antes de la aparición de la neurosis.

Es interesante el énfasis que hace la psicología analítica en que el desarrollo humano no se detiene en ningún momento, sino que continúa de una manera diferente hasta la muerte (Jung, 1991d). Algunos junguianos han realizado sugestivos descubrimientos en los sueños de las personas que van a morir, como si durante estas fases anteriores al deceso el desarrollo continuara y el inconsciente estuviera preparando a la conciencia para este importante momento (Hall, 1995; Von Franz, 1984).

En las neurosis de la segunda mitad de la vida, Jung no veía útil el psicoanálisis. Freud había elaborado su teoría de las neurosis partiendo de que su causa se halla en un pasado remoto. Sin negar esta afirmación, Jung consideró que la neurosis vuelve a construirse constantemente de nuevo, por lo que no veía esencial remontarse al pasado en el tratamiento, sino que era posible trabajarlo desde los sucesos del día de hoy, que actualizaban la neurosis.  Por el contrario, consideraba que el psicoanálisis era indicado, al igual que la psicología de Adler, para el tratamiento de las neurosis en niños y adolescentes (Jung, 1935).

2.      Etapas del tratamiento:
La psicología analítica de Jung distingue cuatro fases por las que pasa un paciente en un tratamiento analítico: confesión, explicación, educación y transformación (Jung, 1935). En la etapa de confesión se trata, como se hace en tantas prácticas sanatorias, de que el individuo tome conciencia y reconozca  ante el terapeuta todo lo escondido y reprimido que le causa culpa y que lo lleva a alejarse del resto de la sociedad. Esta etapa lleva implícita la aceptación de la sombra que es el aspecto oscuro de nuestra personalidad. En la etapa de la explicación se ayuda al paciente a hacer consciente la transferencia con el terapeuta, o sea la dependencia en la que cae éste, al revivir la reprimida relación familiar infantil con los padres. A diferencia de la anterior etapa, en ésta se trata de llevar a la conciencia fantasías que nunca antes han estado allí, mediante diferentes técnicas, en especial la interpretación de sueños (Jung, 1935). En esta labor, el terapeuta ofrece explicaciones del material, utilizando el método interpretativo.

Luego, se presenta la etapa de la educación, en la que hay una especie de entrenamiento indirecto para que el paciente pueda continuar con su trabajo terapéutico de manera independiente. Este es un aspecto especialmente importante en el que insistió Jung en toda su obra y es la posibilidad de que los mismos pacientes pudieran continuar en un proceso de autoeducación que los llevara a convertirse en verdaderos sujetos sociales (Von Franz, 1982). Aunque no excluía proporcionar conocimientos psicológicos, la “educación” se refería fundamentalmente al aprendizaje a través de la práctica terapéutica, pero en ambos casos se buscaba liberar al paciente de la dependencia y autoridad del terapeuta lo más pronto posible (Hochheimer, 1968).

Y finalmente está la etapa de transformación. Esta etapa no parece haberla recomendado Jung a todo el mundo, sino tan sólo a aquellas personas “que pueden más que el hombre medio” (Jung, 1935:28-29). Esto se basaba en la presunción de que las tres primeras etapas enunciadas pueden conducir a la “normalidad”, pero según Jung hay personas para quienes el logro de una adaptación social normal a este mundo contemporáneo con valores tan cuestionables, no es de modo alguno satisfactorio, pues se pueden sentir partícipes de una neurosis colectiva que está lejos de ser un objetivo moralmente aceptable. Así que esta cuarta etapa está dirigida a estas personas y consiste en una transformación ética ante la vida, que los conduzca a encontrar sus propias metas en el plano moral. Representa realmente el proceso de desarrollo llamado individuación por Jung.

3.      El proceso de individuación:
A pesar de la creencia de Jung de que ésta es una etapa exclusiva a un grupo de personas con un yo maduro y fuerte, este aspecto ha sido uno de los más revisados de su teoría, tendiendo en la actualidad las escuelas postjunguianas a considerar que la psique tiene un proceso de evolución natural que cualquier individuo puede incrementar, cuando se hace conciencia de él. Para ello, se desarrollan una serie de técnicas, en especial el análisis de los sueños.

El proceso de individuación es una forma de maduración y de autorrealización de la personalidad, liderado principalmente por el si mismo. Se caracteriza por la confrontación de lo consciente con algunos componentes del inconsciente: con la persona, la sombra, el ánima, el ánimus y el si mismo y la tarea básica consiste en diferenciar el yo de todos estos complejos, para lo cual éste se debe relacionar objetivamente con todos ellos, evitando identificarse con ellos[1].

El proceso conduce a una transformación paulatina de la personalidad a estadios de mayor adaptación del individuo, tanto a su realidad externa como a su realidad interna. Como resultado de este proceso, se produce un “completamiento” del individuo, que lo aproxima con ello a la totalidad, contribuyendo a hacerlo más libre (Hochheimer, 1968).

El grado de dificultad de hacer conscientes los diferentes complejos suele ser progresivo y puede observarse a través de la serie de sueños. A continuación se describen los rasgos típicos del trabajo clínico con estos complejos, insistiendo en que la aparente secuencia es un poco arbitraria, ya que cada individuo desarrolla su proceso de manera particular y única (Von Franz, 1964).

4.      El trabajo con la persona y la sombra:
La persona y la sombra suelen ser, por su cercanía a la conciencia, complejos con los que trabaja la psicología analítica desde las primeras fases de un tratamiento. La persona representa la “máscara” que debe utilizar el individuo en su adaptación a la vida social cotidiana. Son todos aquellos aspectos de la personalidad con los que los individuos se adaptan al mundo exterior, los roles que desempeñan y que resultan presentables y agradables para los demás (Jung, 1990a). Jung eligió este nombre refiriéndose al término en latín que significaba la máscara que usaban los actores del teatro antiguo. La sociedad exige que todo sujeto represente un rol a manera de máscara en un teatro, como si el sujeto nunca pudiera mostrarse a los demás con la totalidad de su personalidad. Aunque el establecimiento de la persona es un recurso normal y necesario, existe el peligro de que el yo termine identificándose con esa máscara y el individuo sienta que no le es fácil saber quién es su yo y quién la persona (Evans, 1968).

El complejo de la sombra es el polo opuesto de la persona. En la medida en que el yo tiende a desarrollar los aspectos más fuertes de su personalidad y embellece a esta última, los aspectos más inadaptados para la sociedad, se desechan al inconsciente en donde van formando la sombra (Bly, 1994; Robertson, 2002). No sólo se trata de aspectos socialmente negativos como la envidia o la cobardía, sino que también pueden ser elementos socialmente catalogados como positivos, pero que el individuo y su medio rechazan.

La interesante novela de R. L. Stevenson "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde", es el mejor relato que hay en literatura sobre la sombra (Sanford, 1991). Enseña a no negar la existencia de los aspectos reprimidos porque éstos van creciendo y cualquier día pueden tomar vida propia como si se tratara de otro ser dentro del individuo. El descubrimiento de la sombra es muy importante en el tratamiento terapéutico y representa un momento doloroso de reconocimiento al que debe seguir la penosa y larga labor de autoeducación (Zweig y Abrams, 2001). Trabajar este complejo desde los sueños facilita la tarea, ya que como decía Von Franz (1964), si es un amigo el que nos habla de un defecto nuestro, lo más probable es que no se lo aceptemos y le respondamos que no tiene la autoridad moral para hacerlo, pero ¿qué podemos decir si son nuestros propios sueños los que nos están haciendo el reproche?

5.      El trabajo con el ánima, el ánimus y el sí mismo
El ánima es el complejo funcional que representa el aspecto femenino en los hombres, mientras que el ánimus es el complejo funcional que representa el aspecto masculino en las mujeres. Este par de complejos autónomos son fundamentales en la adaptación social de los géneros, en la adaptación sexual y también en la atracción hacia el otro sexo.

Acerca de este último aspecto, hombres y mujeres no se sienten atraídos por el sexo contrario en general, sino por cierto tipo de personas. La explicación de esta atracción parte de un enfoque que puede catalogarse como narcisista, ya que parecería como si cada individuo, hombre o mujer, tendiera a enamorarse de partes inconsciente propias, el ánima y el ánimus, proyectadas en los demás. En la conformación de estos dos complejos tienen una influencia muy grande el padre y la madre del individuo, ya que son ellos el primer hombre y la primera mujer que los niños y niñas conocen (Jung, 1976, 1990a). De adulto, al proyectar un hombre su ánima, tenderá a enamorarse de personas parecidas a la madre, y el proceso contrario sucederá con las mujeres (Sanford, 1998).

Si posteriormente los complejos del ánima y del ánimus se logran enfrentar, evitando identificar al yo con ellos e integrando en la conciencia sus rasgos, el inconsciente revela en sueños un nuevo aspecto, el si mismo, representado en una personalidad superior que adopta en el hombre los rasgos de maestro o semidios, y en la mujer, los rasgos de la Gran Madre o la anciana sabia. El sí mismo puede definirse como el arquetipo de la totalidad y centro regulador de la psique, oculto detrás de la personalidad total y encargado de llevar a la práctica el proyecto de vida y de guiar el proceso de individuación. Por eso, Jung decía que su vivencia podría sentirse psicológicamente como el “Dios dentro de nosotros” (Jung citado por Sharp, 1994: 181).

Para terminar de hablar de la individuación, habría que decir que el punto hasta donde se desarrolle el proceso, depende de la disposición del yo a colaborar porque es éste el que decide y el que puede permitir que el mismo se realice. En otras palabras, el proceso de individuación es real, sólo si la persona se da cuenta de él y lleva a cabo una conexión directa con él (Von Franz, 1964).

6.      Disolución de los complejos:
De lo dicho hasta ahora, podría generalizarse que ante un complejo cualquiera de los que acabamos de mencionar, un individuo puede tener varias actitudes: ignorarlo, identificarse con él, proyectarlo en los demás, o enfrentarlo (Jacobi, 1957). De estas distintas actitudes, la primera es la menos deseable ya que puede dar origen a las dos siguientes situaciones: a identificarse y a proyectarse. Sólo el cuarto camino puede realmente disolver un complejo. Esta disolución consiste en hacerlo consciente para tratar de descubrir los dos polos opuestos que siempre esconde, de los cuales uno ha sido aceptado conscientemente por el individuo y el otro ha sido reprimido.

La verdadera liberación de un complejo consiste en conciliar los opuestos para así “desconectar” al individuo de caer obligatoriamente en alguno de los polos (Zweig y Wolf, 1999). La terapia en psicología analítica debe buscar la integración de estos contrarios, para así liberar al individuo y que éste pueda luego aceptar y responder al mundo, según las circunstancias, sin caer en los extremos.

La única forma de lograr esta integración de los contrarios es facilitando que la persona vivencie nuevamente la situación que originó el complejo, pero haciéndolo con todo el afecto y emoción que lo acompañaron y que habían sido reprimidos. En otras palabras, como el complejo se inicia en medio de una carga afectiva, su disolución también se debe hacer en medio de la afectividad. Para eso, existen técnicas de las que luego se hablará, pero que en general, tratan de identificar y dar voz a esos aspectos reprimidos que han estado en la sombra por muchos años.

7.      La fuerza transformadora del símbolo:
En psicología analítica, el símbolo es un elemento fundamental para el proceso terapéutico, ya que opera como un verdadero motor transformador de energía, que conduce a su vez a cambios positivos en la personalidad de los pacientes. “El símbolo es una máquina psicológica que transforma energía” (Jung, 1992: 56). No se trata de negar la elaboración consciente y racional de los conflictos, pero la psicología analítica ha reconocido que los logros por este camino son limitados y que es necesario complementar esta labor con la elaboración simbólica, la cual permite logros imposibles de pensar por la única vía de la comprensión racional de los problemas.

También este concepto de símbolo utilizado por Jung es diferente al usado en el psicoanálisis, pues en psicología analítica se define como un objeto conocido que representa un objeto desconocido (Frey-Rohn, 1993). La principal diferencia con la perspectiva freudiana es que ese otro objeto desconocido nunca podrá ser comprendido a cabalidad y siempre deja la sensación de misterio. Una de las principales técnicas para trabajar con los símbolos es la interpretación de los sueños.

8.      Interpretación de los sueños:
Los sueños representan un campo especialmente importante en el tratamiento psicológico profundo. Para la psicología analítica los sueños no esconden ni disfrazan nada; la dificultad de entenderlos se debe a nuestra incapacidad para entender el lenguaje simbólico que utilizan (Jung, 1993). Este enfoque tampoco concibe los sueños solamente como mecanismos de realización de deseos, sino que los considera un espontáneo y útil producto del inconsciente, para cuya interpretación se emplean principalmente dos perspectivas (Mattoon, 1980). La primera parte del enfoque finalista y conduce a atender no sólo a la causa y al por qué del sueño sino también al propósito y al para qué ocurre un sueño determinado. Desde este punto de vista, la interpretación de un sueño puede entenderse como un intento espontáneo de la psique en la solución de un problema. La segunda perspectiva tiene en cuenta el principio compensador de la psique, para lo cual se analiza un sueño tratando de verlo como una compensación de las situaciones conscientes que esté viviendo el individuo en el momento determinado en que sueña (Jung, 1991c, 1992, 1993).

La psicología analítica comparte con el psicoanálisis la utilidad de las asociaciones libres del soñante en la interpretación, pero recomienda que el terapeuta evite que tales asociaciones se alejen de las imágenes originales del sueño, porque así se puede perder el significado específico que el sueño “busca” transmitir. En esto se diferencia de la interpretación freudiana que no tiene reparos en que las asociaciones libres se alejen del sueño inicial. Para la psicología analítica, este alejamiento conduce siempre a alguno de los complejos del soñante, lo cual siendo importante, lleva al sacrificio de perder de vista el sentido particular que tiene un determinado sueño (Jung, 1992).

9.      Métodos auxiliares:
Jung descubrió que la imaginación activa constituye una alternativa del trabajo de los sueños. Consiste en llevar a cabo un diálogo que combina lo racional y lo irracional, con complejos del teatro interior (Jung, 1990b). Para ello se puede “tomar una imagen o escena de un sueño del paciente o una idea que le hubiese venido a la imaginación como punto de partida para que lo utilizase el paciente como tema de la libre actividad de la fantasía...” (Jung, citado por Hochheimer, 1968: 116). Esta libre actividad podía estar representada por muchas de las manifestaciones tradicionalmente llamadas “artísticas” que eligiera el paciente, según sus inclinaciones naturales; el desarrollo podía tener lugar en forma dramática, dialéctica, visual, acústica, en la danza, la pintura, el dibujo o la escultura (Hochheimer, 1968). Sin embargo, Jung evitaba considerarlas obras de arte pues creía que eran algo superior, ya que equivalían a una acción directa e independiente del paciente sobre sí mismo, “...el paciente puede hacerse creadoramente independiente. No depende más de sus sueños ni del saber de su médico, sino que al tratar de pintarse a sí mismo, puede cambiarse a sí mismo. Porque lo que pinta son fantasías actuantes, aquello que actúa en él...” (Jung, 1935, 84-85). Luego de la representación de las imágenes es necesario llevar a cabo un trabajo de interpretación de ellas a través de la comprensión intelectual y emocional, a fin de lograr su integración en la conciencia (Progoff, 1992).

10.  Personalidad del terapeuta y contratransferencia:
Para Jung la psicoterapia es una labor difícil en la que cooperan dos personalidades totales: la del terapeuta y la del paciente, otorgando mucha importancia a la personalidad del primero y en ocasiones parece valorarla más aún que la técnica que éste utilice (Jung, 1991b). Así mismo resaltaba la actitud abierta y comprometida que éste debía tener, que responde al convencimiento que tiene la psicología analítica de que para poder ofrecer la mayor ayuda posible a otra persona, el terapeuta debe darse por completo, sin mayores resguardos técnicos. Por eso, se prefiere la consulta cara a cara más que la práctica del diván, en donde el terapeuta queda tan seguro. Eso lo lleva a ser más partícipe del proceso y también a ser más susceptible de sufrir tanto transformaciones negativas como positivas, a partir de la interacción terapéutica (Eckhard, 2000).

La etapa de la individuación demanda especialmente esta disposición del terapeuta a transformarse también a sí mismo en la interacción con el paciente. Tan sólo en la medida en que lo haga, logrará transformar a su analizado. “Como es de esperar de todo tratamiento psíquico verdadero, el médico ejerce un influjo sobre el paciente, pero semejante influjo puede tener lugar cuando él es influenciado por el paciente... El encuentro de dos personalidades es como la mezcla de dos cuerpos químicos: si tiene lugar la combinación, ambos se transforman” (Jung, 1935: 30).

Todo esto tiene relación directa con los conceptos de transferencia y contratransferencia, los cuales varían también en Freud y Jung. Desde la perspectiva de la psicología analítica, la transferencia es un proceso absolutamente natural y espontáneo, por lo cual no puede ser producido de manera artificial y voluntaria por parte del terapeuta (Jung, 1983). A pesar de reconocer, al igual que el psicoanálisis, el gran valor de este fenómeno, Jung fue relativizando su importancia con el correr del tiempo. En una de sus últimas obras diría: “Cabe comparar la transferencia con aquellos medicamentos que en unos actúan como remedio y en otros como un verdadero veneno... y en otros, por fin, es comparativamente inesencial” (Jung, 1991: 23-24).

11.  Evitar la dependencia del paciente:
La psicoterapia junguiana tiende a evitar la creación de lazos de dependencia por parte de los pacientes, o cuando menos a reducirla en la medida de lo posible. Por ello, se suele trabajar, en promedio, con pocas sesiones semanales. Decía Jung, que en los casos difíciles tenía bastante con tres o cuatro sesiones semanales, pero que, en general, eran suficientes dos sesiones semanales y sólo una cuando el paciente estaba ya entrenado (Hochheimer, 1968). Consideraba que en el tiempo restante, el paciente debía aprender a caminar por sí mismo, con la guía del terapeuta, descubriendo el sentido de los sueños.

Para contrarrestar la dependencia de los pacientes y fomentar su autonomía, Jung llegó a proponer la conveniencia de que el tratamiento se interrumpiera cada cierto tiempo, para dejar que el individuo volviera a lanzarse al agua de la cotidianidad y a enfrentarse consigo mismo sin ayuda (Stevens, 1994). Es una constante en Jung la idea de fomentar la responsabilidad personal de su propia recuperación y de impedir el alejamiento de la vida cotidiana. Una ventaja secundaria de buscar la rápida independencia del paciente es que los tratamientos resultan mucho menos costosos que los del psicoanálisis. “Se ahorra de este modo tiempo al médico y al paciente, y dinero a este último, que aprende además a apoyarse en sí mismo en lugar de abandonarse pasivamente a la dirección del terapeuta” (Jung, citado por Hochheimer, 1968: 111).

12.  Análisis didáctico:
Es importante la propuesta de la psicología analítica, hoy aceptada en toda la psicología profunda, de que los analistas lleven a cabo el llamado análisis didáctico, o sea  un proceso de análisis de ellos mismos antes de analizar a otras personas (Jung, 1935). Esta formación responde a la necesidad de que el médico se transforme a sí mismo para que adquiera la capacidad de transformar al enfermo. Se considera que si el terapeuta padece de una neurosis sin solucionar, representará una seria limitante para el tratamiento ya que un analista sólo puede dar lo que tiene y nada más (Guggenbühl-Craig, 1992). Este planteamiento hace parte de una propuesta general en el sentido de que quienes tienen la responsabilidad de enseñar algo, deben siempre aplicar en carne propia lo que esperan que los demás realicen. En los escritos dirigidos a los docentes hace esta misma recomendación y esta coincidencia no es accidental, ya que Jung veía que el análisis era realmente un proceso que se debía enseñar, para que los pacientes lo aprendieran y lo pudieran continuar por sus propios medios.

Se desea resaltar esta contribución de Jung en sus debidas proporciones ya que el requisito del análisis didáctico, que ahora resulta tan obvio, no lo era en su tiempo. Esta exigencia, que es coherente con la actitud de respeto a los pacientes que siempre caracterizó a Jung, contribuyó a la humanización de la ocupación terapéutica. Con esta perspectiva, él ensanchó el horizonte de la psicoterapia, enfatizando que lo importante no es el  título del profesional sino sus capacidades humanas.

Otra recomendación muy importante de este enfoque plantea que el análisis didáctico sea realizado tanto por un hombre como por una mujer. La justificación es que si el terapeuta es de uno u otro sexo, la polaridad interior masculina o femenina del paciente es activada, y es deseable para la integración psíquica que esto se logre con ambos aspectos de la contrasexualidad (Sáinz, 1991).





[1] Siempre se presentan problemas cuando el yo se identifica con los demás complejos, así sea con el del sí mismo.